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Vita sicut mythologia

Se llama Carola Rackete, pero podría llamarse Antígona; nació en Alemania hace algo más de treinta años, pero podría haber nacido en Tebas hace más de tres mil.

Ambas se enfrentaron, cada una en su momento, al dilema de elegir entre la obediencia a la ley de los hombres, en una circunstancia especialmente injusta, o hacerlo con la de los dioses, para una serán los dioses, para la otra la conciencia, ¿que diferencia hay al fin y al cabo?

Ambas decidieron ajustar su comportamiento a la ley natural, después de suplicar al tirano que recapacite y no imponga su voluntad. Ambas fueron desoídas. Ambas hicieron lo que tenían que hacer. Ambas pagaron por propia voluntad el precio que se les pedía. A ninguna le tembló el pulso.

Antígona enterró a su hermano aunque él hubiera muerto atacando la ciudad, o defendiendo su derecho frente a su hermano-rey usurpador. Sea como fuere, es su hermano. Creonte, el regente y tío, no quiere dar sepultura a uno de los hermanos y celebra el funeral del otro con toda la parafernalia que merece.

Para ella son hermanos. Es su obligación ocuparse de que los suyos lleguen al otro lado de la Estigia y puedan disfrutar de lo que hayan merecido. No entra en qué lugar les concederán los jueces infernales. Ella se limita a facilitarles el tránsito.

Creonte lo prohíbe. Pone hombres armados a vigilar el cuerpo y manda barrer el poco polvo con el que, en un primer intento, la muchacha ha conseguido cubrir a su hermano. Y ella vuelve, desafía a los guardias, se acerca despacio y derrama las libaciones por la atormentada alma de Polinices.

Y es detenida. Es llevada ante la presencia del regente de Tebas que la reprende y ella lo reprende a él. No se arredra, no se asusta, o tal vez sí, pero no se detiene. Ha hecho lo que debía y arrostra las consecuencias. Cuando es enterrada viva en compañía de los suyos muertos, simplemente se quita la vida porque no hay esperanza.

Y ése es el único punto de divergencia entre las dos: ahora sí hay esperanza.

Cuando Antígona recurre a su aliada natural, su hermana Ismene, ella se acobarda, llora por los rincones, lamenta la situación de su hermano, teme por la única hermana que le queda… y no hace nada más.

Antígona soporta la traición de su hermana, los insultos del rey, la prisión y condena y, cuando va a recibir la ayuda de Hemón, su prometido e hijo de Creonte, es demasiado tarde y ella ya ha muerto.

Se llama Antígona, pero podría llamarse Carola: nació rica y privilegiada y se quedó muda cuando vio la miseria humana más terrible; pero no se quedó quieta, se enfrentó a la injusticia; pidió ayuda a sus hermanos y la ayuda llegó tarde; fue insultada y amenazada; los guardias intentaron detenerla, pero ella llegó a su destino: facilitó el tránsito a las almas de los olvidados y fue detenida y encarcelada. Esta vez no era Tebas, sino Lampedusa. Esta vez no era un rey y hermano muerto, eran hermanos naúfragos, pero casi muertos. No obedeció la ley de los hombres, pero sí la del mar.

Su actitud será malinterpretada y pervertida, se dirán muchas cosas y se oirán los peores acentos, pero ella cumplió su misión y, en las tumbas, los muertos de río Leteo se regocijarán porque una mujer no tuvo miedo a las consecuencias y no permitió que, al menos estos cuarenta, contaran entre sus números.

Se llama Carola ¿o tal vez era Antígona?

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Salvemos el nocturno

Esta mañana me he encontrado con una antigua alumna, antigua “muy reciente”, del IES Francisco Salzillo de Alcantarilla. Ha venido muy contenta a mostrarme su certificado de bachillerato, y eso que ella, de natural, es poco efusiva. Estaba contenta,  muy contenta y orgullosa de sí misma y no es para menos.

La primera vez que la vi, cuando la conocí, cursaba cuarto de la ESO en el instituto, después vino el bachillerato y sus problemas personales, que fueron serios, le impidieron centrarse en los estudios. Era aún una cría inmadura y debía enfrentarse a la vida sin paliativos. Antes que abandonar, decidió, puesto que era adulta, intentar completar sus estudios inconclusos en el bachillerato de adultos que le ofrecía su propio instituto. Y lo hizo. Y lo consiguió. Siguiendo su propio ritmo, superando sus dificultades una a una, lo consiguió. La naturaleza hizo lo que le correspondía, centró su mente, es decir maduró, y eso la llevó al éxito. El bachillerato nocturno le dio el tiempo que necesitaba para ese proceso. Ya no tendrá que pedir un trabajo mal o apenas pagado y podrá aspirar a todo aquello que quiera, sin límites.

Al verla, además de la natural satisfacción de ver a una persona por la que sientes afecto tan contenta, me cayó encima como una responsabilidad la tristeza de saber que este tipo de alegrías tienen los días contados en nuestro centro.

Y es que el IES Francisco Salzillo está siendo objeto de un expolio, no por generalizado menos doloroso. Este curso han obtenido su título de bachillerato por la modalidad de nocturno treinta personas, el curso pasado también. ¿Qué pasará el próximo?

Para la administración educativa, una vez más, más administración que educativa, son sólo números. Son sólo treinta y vistos de cerca, cuatro de esta opción, seis de aquella y que encima no vienen a clase. Son adultos, así que podrán buscarse otro centro si quieren obtener el bachillerato.

Pero para nosotros, los que vivimos o trabajamos en Alcantarilla, no son números, son personas, con sus circunstancias personales y un enorme amor propio que los lleva, después de concluida una jornada laboral no necesariamente en las mejores condiciones, a buscarse otra mejor a partir de su propia educación.

¡Claro que son pocos! ¿Cuántos son capaces de semejante esfuerzo? ¡Claro que faltan a clase! ¿Cuántos podrían desarrollar una jornada laboral y luego continuar con otra hasta las diez y media de la noche? ¡Claro que fracasan! Pero se vuelven a levantar.

Para el curso próximo se prevé un recorte radical en la oferta educativa del centro, de la localidad, puesto que sólo aquí se ofrece el bachillerato de adultos. ¿Álguien piensa, en serio, que estos alumnos, después de trabajar cada uno donde y como puede, van a coger su coche y marcharse a Murcia para continuar sus estudios? Y no pueden optar por el transporte público porque, por la noche, no hay autobús de vuelta a esas horas.

Perdemos el primero de bachillerato de ciencias, “porque no hay números”y lo que es más sorprendente, perdemos el primero de bachillerato de humanidades que tiene más matrícula que otras opciones. La pregunta es obvia: ¿por qué?. Tenemos un centro en marcha, tenemos profesores cuyo puesto de trabajo fijo y de años puede verse en peligro con ese recorte, ¿por qué?

Si este panorama no fuese suficientemente sombrío, hacemos como el sabio y miramos hacia atrás y ¿qué vemos? Más de lo mismo: desaparecen estudios de bachillerato nocturno en Molina, en San Javier, en Murcia, etc, etc, etc. en una especie Caribdis terrible que nos va tragando a todos, uno por uno o en multitud.

¿Por cuestiones económicas? Pues, permitáseme este desahogo, es una economía muy ramplona y muy corta de vista. La educación no es un negocio. La educación, en todos sus niveles, es una inversión a largo plazo. Tenemos que invertir en personas contra viento y marea para aspirar a una sociedad dirigida por personas y no manejada por personajillos.

¿O es eso, lo de enseñar a pensar, lo que da miedo y hay que impedirlo con cualquier excusa?

Pdt: Este texto forma parte de una reivindicación más que justa y en marcha. Es mi contribución a ella y, como tal, ha sido acogida muy amablemente por la comunidad educativa de nuestro centro, que la ha hecho suya rubricándola con su firma.

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La Historia en peligro

Por un momento, por una temporada más bien, el pasado estuvo en peligro.

      Allá por el siglo VI antes de Cristo, parece que se acepta como más o menos cierto el 509 aunque vaya usted a saber, la violación de una mujer, la nobilísima y honradísima Lucrecia, cambió el curso de la historia por completo y, por ello, también nuestro presente.

    Un hombre, Sexto Tarquinio, primo de su esposo Colatino y, sobre todo, hijo del rey de Roma, conocido como Tarquinio el Soberbio, se prendó de ella, buscó la oportunidad en la que ella estaba sola en casa pues su esposo y los demás hombres, que habrían podido servirle de ayuda, estaban en labores militares en una ciudad vecina, abandonó su puesto en el ejército de su padre, se presentó en casa de ella y la violó.

    Ella no pudo soportar la vergüenza y la humillación y al día siguiente convocó a su padre y a su esposo y les pidió que trajesen un amigo que le sirviera de testigo, les contó lo sucedido y mientras su padre y su esposo intentaban convencerla de su propia inocencia y de la culpabilidad absoluta del atacante, antes de que pudieran impedirlo, sacó un puñal que llevaba escondido y se suicidó.

     Junio Bruto, pariente del conocido Bruto ¿asesino? de César, recogió el puñal y juró por la sangre de la inocente que derrocarían un sistema que permitía a unos hombres dominar de ese modo a otros. Fue el final de la monarquía y el principio de la república para Roma.

    Pero ¿qué habría ocurrido si Lucrecia no hubiera sido romana y hubiera sido, digo por decir, turista en Pamplona en los sanfermines? ¿Habrían los tribunales navarros dado la razón a esta mujer como lo hicieron sus conocidos? No dudo de los navarros, dudo de los tribunales, y es que el asunto tiene su miga.

    Volvamos a la noche de autos: Sexto Tarquinio llega al filo de la noche a la casa de su pariente y, en calidad de tal, es recibido y agasajado como mandan los cánones por la esposa de éste.

    Terminada la cena ella supone que él se marchará para reincorporarse al sitio de Ardes, donde estaban los demás, pero los planes de él son diferentes. La acosa y la intimida intentando violentarla y ella no pide ayuda a los siervos porque es una matrona y no debe saberse semejante ultraje.

    Se defiende bravamente, tan bravamente que él no puede lograr su objetivo aunque la amenaza con un puñal. Y entonces el hombre, cegado por el deseo pero no tonto, da con el modo: le dice que la matará a ella y a un esclavo y que dejará sus cuerpos desnudos en la cama para denunciar ante todos su comportamiento deshonroso.

     Si quiere mantener su honor, debe ceder…y ella cede y Tarquinio consigue lo que había ido a buscar y se va tan tranquilo a pasar el resto de la jornada con el padre y el esposo de la mujer a la que acaba de aniquilar literalmente.

    Pero ¿hubo violación o únicamente abuso sexual? Porque ella cedió y no gritó pidiendo ayuda. A lo mejor su cara de asco y sus lágrimas eran de puro placer. Y lo del día siguiente, ¡remordimientos y temor de verse descubierta! Todo lo más un atentado contra la propiedad por querer matar a un esclavo y, total, si al final no lo hizo.

    Por ¿suerte? para ella no tuvo que esperar años a que se le hiciera justicia. No la consideraron culpable en ningún momento, ni le preguntaron qué había bebido ni por qué le había abierto la puerta a su agresor, ni por qué no se dejó matar antes. ¿Se imaginan si Junio Bruto y los demás se lo toman a broma y no actúan impulsados por la indignación como lo hicieron? Roma habría seguido siendo una monarquía y los pilares de la Historia se habrían tambaleado peligrosamente.

    Por desgracia para nosotros veintisiete siglos después se ha dado un paso de gigante…hacia atrás y, además de ser agredida, hay que pasar un calvario para que todos comprendan que hay muchas, muchísimas, formas de violencia y la más frecuente de todas no se ejerce con armas o con puños, se ejerce de palabra y anulando la capacidad de elección de la persona agredida, ya sea por miedo, por obnubilación etílica o por el consumo de cualquier sustancia o, simplemente, por destrucción sistemática de la autoestima o la dignidad personal.

    En fin, al menos la sentencia ha llegado que ya es algo.

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Querida Marta

Querida Marta, tú no me conoces y, hasta ahora, yo no había oído hablar de ti más que en alguna conversación de amiga y en términos de orgullosa maternidad.

Por desgracia, al menos parcialmente, eso ha cambiado. Ahora he oído hablar de ti mucho más de lo que habríamos querido ambas, sin embargo los términos de orgullosa maternidad están más fuertes que nunca.

No sé si preguntarte cómo estás, porque eso te lo preguntarán a todas horas estos días y tú básicamente querrías que todo fuera tan normal que nadie se preocupara por ti y por tu estado. Pero no es así.

Lo pasado el día nueve en el colegio marcará tu vida, y la de todos los que te quieren, para siempre. Pero está en tu mano que esa marca sea de victoria y no de derrota; de orgullo y no de humillación. Y, por lo que sé, por lo que veo y oigo, creo que ya estás ahí.

Espero que no te parezca mal si te digo que en toda esta situación tú no eres la víctima. Tú fuiste tan sólo un instrumento en manos de los responsables de la vida de unas niñas en su deliberado y sistemático empeño de destruir la vida de sus hijas. Ellas son las víctimas. A ellas les han estropeado la vida. Tú has sido el martillo para clavar ese clavo, si en esa labor el martillo sufre desperfectos, ¿qué más les da a ellos?

Pero, ¿y los demás niños presentes? ¿Cómo es posible que sus padres permanezcan ajenos a esta barbaridad? ¿No tienen pesadillas? ¿No se niegan a volver al patio del colegio? ¿En qué clase de sociedad vivimos si tiene que pasar media hora para que te ayuden en mitad de una multitud expectante?

Dice tu madre que te han ofrecido cambiarte de colegio y que tú no has querido. A los matones se les hace frente así. A pesar del miedo, a los demás niños les haces un bien inmenso.

Cuando les enseñamos a nuestros hijos que “se buscan valientes”, les pedimos que den un paso al frente, que no se rindan, que no se amilanen y no se dejen vencer por el miedo que determinadas personas y determinadas situaciones nos producen a todos, que hagan frente al malo. Desde ahora podré decirles a los míos que no hay que buscar muy lejos para encontrarlos y que yo conozco, aunque sea a través de su madre, a una chica que se llama Marta y que es una valiente.

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Sobre el hijab y la escuela pública

    Está claro, señor Reverte, que usted y yo no coincidimos últimamente. Y no es que eso le deba preocupar a usted, que no sabe ni quién soy yo, es que es así.

    Primero fue el iros y ahora es el pañuelo musulmán. ¿Qué le vamos a hacer? Dentro de unos pocos años, si no es ya, estarán al frente de nuestras aulas públicas mujeres, maestras, con la cabeza cubierta. A usted eso le parece terrible, a mi me parece esperanzador.

    No me importa demasiado que usted, y los que como usted piensan, que son legión, opinen que este hecho constituye una vuelta atrás en el camino de la liberación, soy firmemente de la opinión que es más bien todo lo contrario. Esconder los símbolos personales, las manifestaciones personales de las creencias íntimas sólo nos puede llevar a la incomprensión y al miedo. ¿No es mejor luz y taquígrafos?

    Las mujeres musulmanas de mentalidad sana, muchísimas, quizá no decidieron en su momento ponerse el pañuelo, o tal vez sí, pero decidirán por su cuenta, y sin imposiciones legales, si quieren o cuándo quieren quitárselo.

    Yo soy católica y docente. Llevo al cuello una crucecita, pero le aseguro que si me obligaran a quitármela, me la pondría el doble de grande. Mi cruz no ofende, no hace apostolado, me define.

    Y no se preocupe por la formación moral de los niños. Una maestra de la escuela pública ha tenido que pasar por la criba más bien draconiana de una oposición y sabe qué debe enseñar a los alumnos, sabe que no puede hacer apología de sus creencias, sean cuales sean y no porque sus creencias sean “peligrosas”, se trata simplemente de que la formación moral de un niño le corresponde a sus padres en exclusiva. Y esto incluye desde la creencia religiosa a la apología del equipo de fútbol.

    Señor Reverte, he tenido, y tengo, compañeros homosexuales y que hacen bandera de su preferencia vital, ¿cree usted que es un peligro que los dejemos con un montón de niños en un espacio cerrado? ¿No piensa lo que puedan contarles cuando se traten ciertos temas? ¿Y si es maestro de educación física y entra en las duchas de los niños? ¿Y los que llevan dilatadores en las orejas o rastas? ¿Y si lleva un tatuaje en el brazo con una hoz y un martillo?

    Los extremistas, en todos los ámbitos de la vida, no se dejan ver y se camuflan. El desconocimiento genera miedo y el miedo violencia. Dejemos a la gente expresar su forma de pensar, no permitamos que nos la impongan, pero no impongamos la nuestra y, por supuesto no confundamos el Islam con los extremismos. No caigamos en la trampa en la que caen esas pobres criaturas de diecisiete años a los que una mala persona ha engañado previritiendo una creencia sagrada e íntima. El terrorismo se alimenta de nuestros prejuicios, ¿los vamos a dejar crecer hasta ese punto? ¿Es que han ganado la partida?

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In memoriam

“Indoluere exterae nationes regesque: tanta illi comitas in socios, mansuetudo in hostis; visuque et auditu iuxta venerabilis, cum magnitudinem et gravitatem summae fortunae retineret, invidiam et adrogantiam effugerat”.

(Tácito, Annales, II, 72)

 

CAPÍTULO I: EL HOMBRE

     ¡Germánico ha muerto! ¡Germánico ha muerto! Tengo que repertírmelo una y otra vez y sin embargo no lo creo. Yo recogí su último aliento; yo le asistí en su última enfermedad; yo lo vi apagarse poco a poco devorado por la fiebre; yo sequé su frente, humedecí sus labios resecos y limpié sus vómitos ponzoñosos; y sin embargo, no lo creo.

    Me acostumbré a estar separada de él durante largos periodos de tiempo y todavía me parece que lo voy a ver volver al frente de su ejército, victorioso, cansado y enfermo, pero glorioso y aclamado por sus hombres.

    Siempre temí que no regresaría y sin embargo ha sido la paz, la paz y el odio de una mujer, los que me lo han arrebatado.

    Pero incluso entre estos muebles y a través del bullicio de la ciudad que nada me dicen de él, porque él era un hombre castrense y no urbano, lo busco y lo espero, para desesperarme al despertarme a la amargura de la realidad. Germánico no está, como tantas veces, en campaña. Ha muerto, ha muerto.

    ¿Cómo ha podido salir el sol de nuevo?, ¿acaso los dioses, si realmente los hay, pueden ver impasibles tanta injusticia, tanto dolor? ¿Cómo puedo yo seguir respirando? ¿Por qué ha muerto él y no yo? Germánico, yo que te seguí en tantas campañas, te seguiría también ahora si no me lo hubiéses prohibido tú expresamente. Debo cuidar de tus hijos. Pero ¿qué protección pueden tener en una débil mujer, que ni siquiera pudo impedir que te envenenasen delante de mis ojos, poco a poco? Tus hijos …, temo por ellos y por mí (no por mí no, para mí vivir es una desgracia, no morir) Pero, si tú no fuiste un obstáculo para ellos, ¿qué seremos nosotros? Hojas que barre un jardinero o ramas cortadas por un solo golpe del leñador, una vez que el tronco ya está en el suelo.

    Yo ya no soy la que era, ya no represento nada para nadie, falta Germánico, sin él su estirpe ha muerto. Hoy he ido a ver a Tiberio, me ha recibido en el jardín, por mor de familiaridad me ha tratado con desprecio, con insolencia.

    Buscaba el apoyo del padre y he encontrado el veneno de la serpiente. Pretendí su apoyo para castigar a los asesinos y me desmostró, con su indiferencia, que era uno de ellos. Reclamé, me indigné, pero su corazón es, como el de su madre, de mármol. Al verlo allí no pude menos que recordar a Druso, al gran Germánico al que todavía hoy lloran y vitorean sus hombres. ¿Cómo pueden dos hermanos diferenciarse tanto? Ni siquiera, a pesar del exterior, Germánico y Claudio son tan distintos.

   A pesar de mis promesas al esposo agonizante, finalmente no pude dominarme más, hirvió en mí la sangre de Augusto, se tensaron los nervios de Agripa y habló mi lengua con la insolencia de Julia. Le recordé quién soy yo, aunque sin la sombra de Germánico me sentía menos que el polvo que pisan mis sandalias, y quién es él; cuál es mi estirpe y cuál la suya; que yo soy la nieta de Augusto y él el hijo de un Nerón solamente. No nombré a mi madre pero el tono de la voz y el despreció en la mirada debieron representársela. Por un momento vi el furor en sus ojos, un rayo de odio que se clavó directamente en mí. Me di cuenta de cuál había sido el tono de la convivencia entre él y mi madre y no le reproché a ella nada de cuanto había hecho. Por fin lo sentí débil ante la verdad inesperada. Pero pronto recordó, dominó su odio disfrazándolo de despreció y me recordó los versos griegos:

“¿Porque no eres tratada como una reina te quejas?

    Salí de allí sin bajar la cabeza, sin humillarme, sin insultar la memoria de mi esposo. Pero su enemistad está asegurada. Me da miedo. A veces pienso que Claudio tiene razón y para sobrevivir en estos tiempos hace falta ser los suficientemente inteligente como para no parecerlo.

    Y sin embargo no siempre fue así. Hubo tiempos gloriosos para nosotros, aún en medio del fragor de la batalla y bajo la lona de una tienda. La naturaleza nos contagiaba su salvajismo, su fuerza, purificándonos de nuestro urbanismo. Vivíamos en la edad de oro y era fácil preferir a Saturno ante Júpiter.

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Me declaro en rebeldía

    Desde este preciso instante y desde estas precisas líneas me declaro en rebeldía absoluta.

    Señores académicos de la Real de la Lengua, han perdido ustedes el criterio de autoridad y, si me permiten decirlo, la dignidad lingüística. La inclusión en la norma de nuestra vetusta e ilustrada lengua de un disparate como iros no merece otro calificativo.

    Si iros es correcto, ¿por qué no andaverse y dejarme en paz? Si hay a quien le resulta forzado escribirlo, eso sólo demuestra que no es escritor el que publica, es escritor el que hace literatura y, de esos, ni son todos los que están, ni están todos los que son.

   Me reitero, prefiero una vida al margen de la ley, lingüística por ustedes pretendidamente marcada, a olvidar que le es dativo y no acusativo, olvidar que éste no es lo mismo que este o consultar a un experto en higos, sicólogo, en lugar de uno en almas, psicólogo.

    Suya afectadísima,

Guiomar Inmaculada Patiño Pérez

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Mujer, madre, católica practicante y docente de la escuela pública

        Este fin de semana ha sido de lo peorcito, y eso teniendo en cuenta sólo declaraciones e informes, dejando a un lado, al lado de la tristeza, los muertos por cualquier sinrazón, porque razón no tienen.

                  Si entrábamos a él con el libro blanco de los empresarios, salíamos de él con informe sobre las escuelas católicas de la Conferencia Episcopal. Y el problema es que lo antedicho en el título forma parte de mi esencia y no puedo renunciar a nada de ello, porque sería renunciar a mi. Pero a veces hace falta realmente el soplo del Espíritu Santo para no peder los papeles y pedir la baja. ¡Suerte que, al menos, ha sido Pentecostés!

                Los empresarios, por boca de su presidente ya habían manifestado su solidaria preocupación porque las mujeres trabajáramos, pues el trabajo femenino es un problema. El problema, según yo lo veo, es que no haya suficiente trabajo, masculino o femenino, para mantener dignamente a personas y microempresas llamadas familias. En ocasiones es únicamente el “trabajo femenino” el que aporta algo a esa microempresa, que, lo miremos por donde lo miremos, no es tan micro. Pero, claro, yo soy mujer, llevo trabajando treinta años y, allá por el milenio pasado, era rubia.

          Pero es que ahora reclaman su derecho a decidir qué y cómo van a estudiar nuestros hijos en la enseñanza básica, “de la guardería a la universidad” y creo citar palabras textuales. Necesitan “currículums” palabra horrible donde las haya además de incorrecta, para cubrir determinados huecos en sus empresas. Lo que no dicen es que lo que no necesitan son personas pensantes, capaces de asumir riesgos y frustraciones, de encontrar soluciones donde no parece no haberlas.

               Es obvio que, como una mujer que tiene la desfatachez de quedarse embarazada y faltar por parto y lactancia, los obreros demasiado listos dan problemas porque no se creen las directrices de la empresa sin pensarlas y son capaces de gestionar su propia vida sin depender de un gestor externo. No son mano de obra barata, son personas trabajadoras. Esa diferencia entre máquinas y personas la hace una formación básica de calidad en la que no enseñemos a únicamente lo que les va a servir para formar parte de la empresa, sino también para formar parte de la vida y disfrutar en cada momento, incluso cuando no trabajan, que de esos también hay.

             No hacen falta licenciados en filología etrusca. Si no fuera porque soy licenciada en filología clásica, se me escaparía del cerco de los dientes: “Y usted ¿qué sabe? Si no sabe quiénes eran esos etruscos”. Pero soy de letras y sé que esto no es más que otra vuelta de tuerca a lo que ya ha pasado muchas veces. Lo que no entendemos, lo tememos y apoyados en la fuerza que da el dinero intentamos destruirlo. Sí hacen faltan licenciados en filología etrusca, y en arte, y en música y en griego y en latín. Si fuéramos más hoy no tendríamos que lamentar que EEUU haya abandonado el pacto de París, ni que a unos pobres inocentes les enturbien sus creencias haciendo creer a otros pobres ignorantes que Alá los espera después de que se lleven por delante a un montón de niños que están disfrutando de un concierto.

            Y para completar el fin de semana me faltaba el informe de la conferencia episcopal. Lo malo de todo esto es que Dios nos hizo libres, o a lo mejor es que nos dejó estudiar letras. Señores obispos, ¿de verdad piensan que a un católico de a pie, una persona con formación y principios no se le va a caer la cara de vergüenza cuando lea afirmaciones tan peregrinas como que asistir a una escuela católica aumenta la salud?

               Inmersos como estamos en una sociedad en la que ser católico practicante es ser atacado casi de forma cotidiana, en la que tenemos que desmontar a diario falacias y generalizaciones injustas, van ustedes y nos lanzan a la cara este bochornoso informe. ¿Se les ha ocurrido pensar que la diferencia entre la salud de sus alumnos y los míos viene del entorno social del que proceden? ¿Cuántos hijos de adictos cuyos padres están en la cárcel tienen ustedes? ¿Cuántos muchachos cuyas familias sobreviven con un sueldo que aporta su madre limpiando escaleras? ¿Han contabilizado a los alumnos de las escuelas misioneras de Centro América, por ejemplo? Y, curiosamente, cuando estudian mejoran sus niveles de vida, en algunos casos su salud porque consiguen comer en condiciones y, por supuesto sus expectativas de éxito vital. ¿A ver si todo eso va a ser por estudiar y no por hacerlo aquí o allá?

       Piensen, por favor, un segundo a cuantos cientos de miles de católicos comprometidos con el prójimo de verdad, los que trabajan en Cáritas, los que trabajan con familias desheredadas, han ensuciado alardeando de verdades a medias y falsas conclusiones. Si una no fuera católica creyente recordaría aquello de sepulcros blanqueados y mercaderes en casa de mi Padre. Por suerte, para mi, lo soy y sólo digo que ustedes serán vicarios de Cristo, pero yo soy hija de Dios.

           Está claro que el Espíritu Santo les dio el aviso y ustedes, haciendo uso de su legítima libertad, han decidido desoírlo. Si no fuera por Dios, pedía la baja, pero es que yo soy mujer, madre, católica practicante y docente, y usuaria en cuanto a madre, de la escuela pública. ¡Cosas que pasan!

Nota bene: aquí dejo los enlaces a los documentos a los que se hace referencia porque la cosa es tan evidente que, a lo mejor, alguien duda de su veracidad y siempre está bien consultar las fuentes (¡Anda, ya me sale otra vez lo de la formación humanística!)

 Presentación libro blanco de educación de la CEOE

Memoria de actividades de la Iglesia católica

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¡Que viva Santo Tomás de Aquino!

Juegos Romanos

Se nos olvida con frecuencia, pero Santo Tomás de Aquino es algo más que un día de fiesta o un tema de filosofía. También es nuestro patrón. No es cuestión de creencias religiosas o de honrar a un santo varón que se pasó la vida pensando; creo que es más cuestión de encontrar algo en común, lejos de fantasmas y pesadillas de exámenes, notas, programaciones y estándares, para celebrar nuestra convivencia común, que es intensa sin lugar a dudas.

Este año hemos celebrado la efemérides con un taller de juegos romanos. No tuvimos la aglomeración de la gastronomía francesa, pero estuvo bien y, para muestra, ahí va un botón.