Publicado en Pensamientos

Vita sicut mythologia

Se llama Carola Rackete, pero podría llamarse Antígona; nació en Alemania hace algo más de treinta años, pero podría haber nacido en Tebas hace más de tres mil.

Ambas se enfrentaron, cada una en su momento, al dilema de elegir entre la obediencia a la ley de los hombres, en una circunstancia especialmente injusta, o hacerlo con la de los dioses, para una serán los dioses, para la otra la conciencia, ¿que diferencia hay al fin y al cabo?

Ambas decidieron ajustar su comportamiento a la ley natural, después de suplicar al tirano que recapacite y no imponga su voluntad. Ambas fueron desoídas. Ambas hicieron lo que tenían que hacer. Ambas pagaron por propia voluntad el precio que se les pedía. A ninguna le tembló el pulso.

Antígona enterró a su hermano aunque él hubiera muerto atacando la ciudad, o defendiendo su derecho frente a su hermano-rey usurpador. Sea como fuere, es su hermano. Creonte, el regente y tío, no quiere dar sepultura a uno de los hermanos y celebra el funeral del otro con toda la parafernalia que merece.

Para ella son hermanos. Es su obligación ocuparse de que los suyos lleguen al otro lado de la Estigia y puedan disfrutar de lo que hayan merecido. No entra en qué lugar les concederán los jueces infernales. Ella se limita a facilitarles el tránsito.

Creonte lo prohíbe. Pone hombres armados a vigilar el cuerpo y manda barrer el poco polvo con el que, en un primer intento, la muchacha ha conseguido cubrir a su hermano. Y ella vuelve, desafía a los guardias, se acerca despacio y derrama las libaciones por la atormentada alma de Polinices.

Y es detenida. Es llevada ante la presencia del regente de Tebas que la reprende y ella lo reprende a él. No se arredra, no se asusta, o tal vez sí, pero no se detiene. Ha hecho lo que debía y arrostra las consecuencias. Cuando es enterrada viva en compañía de los suyos muertos, simplemente se quita la vida porque no hay esperanza.

Y ése es el único punto de divergencia entre las dos: ahora sí hay esperanza.

Cuando Antígona recurre a su aliada natural, su hermana Ismene, ella se acobarda, llora por los rincones, lamenta la situación de su hermano, teme por la única hermana que le queda… y no hace nada más.

Antígona soporta la traición de su hermana, los insultos del rey, la prisión y condena y, cuando va a recibir la ayuda de Hemón, su prometido e hijo de Creonte, es demasiado tarde y ella ya ha muerto.

Se llama Antígona, pero podría llamarse Carola: nació rica y privilegiada y se quedó muda cuando vio la miseria humana más terrible; pero no se quedó quieta, se enfrentó a la injusticia; pidió ayuda a sus hermanos y la ayuda llegó tarde; fue insultada y amenazada; los guardias intentaron detenerla, pero ella llegó a su destino: facilitó el tránsito a las almas de los olvidados y fue detenida y encarcelada. Esta vez no era Tebas, sino Lampedusa. Esta vez no era un rey y hermano muerto, eran hermanos naúfragos, pero casi muertos. No obedeció la ley de los hombres, pero sí la del mar.

Su actitud será malinterpretada y pervertida, se dirán muchas cosas y se oirán los peores acentos, pero ella cumplió su misión y, en las tumbas, los muertos de río Leteo se regocijarán porque una mujer no tuvo miedo a las consecuencias y no permitió que, al menos estos cuarenta, contaran entre sus números.

Se llama Carola ¿o tal vez era Antígona?

Autor:

Profesora de enseñanza media de Latín y encantada con serlo, pese a las dificultades

2 comentarios sobre “Vita sicut mythologia

  1. Hace poco leí que Antígona es la obra teatral más representada de la historia. No sé si también es el drama más repetido a lo largo de los sitios. Francamente, no lo creo, porque aunque el dilema entre lo justo y lo legal puede ser frecuente, y aunque el ser humano es capaz de grandes decisiones, no creo que haya tantas personas con el valor y la altura moral de una Antígona, enterrando a su hermano en contra de la orden gubernamental o una Carola conduciendo a la vida a unos desdichados pese a la orden en contra del gobierno italiano.

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